En el Cerro de la Cruz, que se alza como vigía sobre el valle de San Juan del Río, se guarda una historia que mezcla leyenda y crónica.
La leyenda
Los ancianos cuentan que los primeros indígenas que bajaron de las sierras eligieron la cima del cerro porque allí “el cielo estaba más cerca”. En la parte más alta levantaron una pirámide de piedra, orientada hacia los astros, para pedir a los dioses lluvia y abundancia. Se dice que en las noches de luna llena, los sacerdotes encendían fogatas de copal y el humo ascendía como un puente hacia el firmamento. Algunos narran que aún hoy, cuando el viento sopla fuerte, se escuchan ecos de tambores y cantos antiguos que parecen salir de la pirámide.
La crónica histórica
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, el cerro fue coronado con una cruz cristiana, símbolo de la nueva fe. El barrio que nació a sus faldas tomó el nombre de Barrio de la Cruz, y con el tiempo se convirtió en uno de los más antiguos de San Juan del Río. La pirámide, aunque transformada y en parte cubierta por la devoción cristiana, permaneció como testigo silencioso de la raíz indígena. Los cronistas locales señalan que el cerro fue punto de referencia para viajeros y pobladores, y que su doble identidad —pirámide ancestral y cruz colonial— refleja el mestizaje que dio forma a la ciudad.
El legado
Hoy, el Cerro de la Cruz y su pirámide en la cima son símbolos de identidad. La leyenda recuerda la voz de los antiguos pueblos, mientras la crónica histórica nos habla de la transformación cultural que fundó San Juan del Río. Juntas, la pirámide y la cruz narran una historia de encuentro: lo indígena y lo es 
crédito a los dueños de las fotos


No hay comentarios.:
Publicar un comentario